Crítica
17Q12, el gen del cobarde – el gen del acierto escénico
17Q12, el gen del cobarde – el gen del acierto escénico
Dos pantallas separadas un metro una de otra. Proyección de una calle urbana, que continúa de una pantalla a la otra, pero, como quien dobla una esquina, como quien se escapa por un doblez entre la imagen «real» y el cuerpo presente, uno de los viandantes se sale de la pantalla. Poco a poco alguno delos transeúntes se asoma a la pantalla-escaparate, y tal como se incorporan esos espectadores-espejo (espejo de nosotros mismos), lo hace mágicamente la música de Borja Ramos y la coreografía de Asier Zabaleta.
Y entonces, he aquí la esencia de la cobardía: esconderse para acabar mostrándose más. Como el avestruz que esconde su cabeza y deja fuera el resto del iceberg desprotegido. Como la llamada de atención del suicida. Que un artista muestre sus debilidades es, sin embargo, valentía, y al mismo tiempo una honestidad que dota de sístole y diástole a lo que muestra.
El cobarde es examinado como una especie del reino animal, el espectador-voyeur transmuta en investigador-analista del comportamiento humano, como en ZYP17, the freakshow of the future de André Gingras —alguna vez hemos citado este espectáculo, y sólo puede ser parangón de algo bueno—. Aquí la incógnita a despejar es 17Q12, el gen del cobarde.
Asistimos a una de las escasas ocasiones en las que el recurrente uso de las proyecciones cobra sentido sobre el escenario. Y las pantallas, que lo son todo como escenografía, están utilizadas con una versatilidad digna de elogio: pantalla-espejo con la que interactuar, pantalla-filtro que desdibuja en un halo el contorno del cuerpo detrás de ella, pantalla-clon del timorato protagonista...; ello gracias a un gran trabajo con la iluminación, hermosa y efectiva.
Todo es belleza en la sencillez de esta propuesta, los diferentes lenguajes, escénicos, audiovisuales y musicales que envuelven el tema y el buen hacer de Ertza para llevarla a cabo. No hay que perderles la pista, y confiamos en la inteligencia de nuestros programadores para que este sea de los montajes que podamos disfrutar por aquí durante más tiempo fuera de la programación festivalera. Siento que esta crítica se queda corta, así que sólo puedo usar palabras más directas para afirmar que Escena Contemporánea ha reservado lo mejor para el final, ya que esta es una de las mejores propuestas que han asomado por ella, y es una alegría poder decir que los espectáculos españoles han destacado especialmente en esta edición por una calidad que no sólo es digna de competir en foros similares de otras ciudades europeas, sino que superan en muchos casos propuestas foráneas que de pura intención de modernidad se quedan en esa carcasa vacía de contenido.
Sergio Herrero
Publicado el 23 de Febrero de 2008 - Sergio Herrero
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